Cunas vacías

Autor: Norberto Calul

del libro Los rostros del tiempo – Creadores Argentinos 2011

  

María soñó sollozos y risas que no ha parido,
y aunque la vida en su vientre, tres veces buscó el camino,
las vio apagarse temprano, tres veces lloró el castigo,
y le echó culpas al cielo por tan terribles designios.

Juan se guardó los dolores y los mantuvo escondidos,
no quiso que ella lo viera, maldiciéndolo al destino
y aún borracho de alcoholes, se calló todos los gritos
que buscaban un escape de su pecho reprimido.

María pasa las tardes tejiendo ropas de niño,
luego las dobla y las guarda en un mueble, en el altillo,
y el domingo, en la mañana, las pone en un bolso chico,
y las lleva al orfanato, para que les den destino.

Juan la acompaña en silencio, no ha faltado ni un domingo,
es él quien compra la lana y la ayuda a hacer ovillos,
para que teja las ropas, para todos esos niños
que no saben del afecto que van en esos tejidos.

María es madre de todos y Juan es padre y amigo,
pocos conocen la historia de tres cunas sin un niño
y nadie sabe que largas son esas noches, al filo
del dolor de la impotencia, casi al borde del abismo.

María llora en silencio y Juan reprime sus gritos,
tres nombres van por sus bocas, como tres sueños perdidos,
mas se lo callan entre ellos, bastante el otro ha sufrido
y se mienten emociones, padeciendo ambos, lo mismo.

 

 

Cuando la luna se duerma

Cuando la luna se duerma y haga el cielo de las suyas
y las estrellas renazcan y la noche viva a oscuras,
no habrá otra cosa en el cuarto, que el fuego de su cintura,
ni más calor que sus besos, en medio de la penumbra.

Cuando las sombras se enreden con el sol de su figura
y confundidas se queden, entre los dos, y descubran
que hay otras noches distintas, que sin mar también hay bruma,
sabrán de amor encendido y de otras formas de luna.

Y cuando el sol se aparezca, mientras el alba despunta,
después de un breve reposo y extasiado de locura,
iré a recorrer de nuevo, su superficie, desnuda,
y me embriagaré del néctar que broten de sus texturas.

 

Si fuera

Si fuera, amor, que algún día de tu lado yo faltara
y si fuera que ese día no pasara de mañana,
quiero decirte que el cielo que le dé cobijo a mi alma
será el que existe a tu lado, el que siempre me mostraras.

Si fuera, amor, que la vida de pronto me abandonara
y no tuviera más tiempo que el tiempo de unas palabras,
te diría lo que sabes, lo que, en amor, te expresaba:
-Si alguna vez fui una hoguera, fue tan sólo por tu llama-

Si fuera que en este instante la vida se me acabara
y no pudiera, siquiera, decirte cuánto te amaba,
te aseguro que, si buscas, me encontrarás en la casa
y estaré, cuando reposes, en el hueco de tu almohada.

Mas si tuviera el castigo de hallarme solo y sin nada,
en un infierno de hielo, por tu partida temprana,
el dolor se irá conmigo por donde quiera que vaya
y, amor, estarás presente cuando duela la añoranza.

No me pidas que prometa que al ayer le dé la espalda,
que camine otro camino, pues la jura será vana,
mi vida se irá contigo, mentiría si jurara,
si al conocerte he nacido, moriré cuando te vayas.

 

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