Alejandra Pizarnik


Alejandra Pizarnik (1936-1972) poeta argentina. Su obra es una de las propuestas más rupturistas y de mayor influencia en la poesía contemporánea, sobre todo en la escrita en lengua española por mujeres. La vida y la obra de esta autora puede definirse como una extraña tentación de traspasar los límites, siempre tanteando el milagro, aun a riesgo de asomarse a la locura. Amiga de Cortázar, exploró como él ese otro lado de la realidad en el que se instala lo fantástico.
Tenía 36 años y era un momento de la historia argentina en el que comenzaba a limitarse la libertad de expresión en todos los ámbitos. Un año antes había recibido una beca Fullbright y en 1969, otra Guggenheim, que le permitió viajar a los Estados Unidos. Había estudiado Filosofía y Letras en la Universidad de Buenos Aires y pintura con Juan Batlle Planas. Había vivido en París entre 1960 y 1964, donde trabajó para algunas editoriales, publicó poemas y críticas en varios diarios y estudió historia de la religión y literatura francesa en la Sorbona.
Persuadida de que "la libertad absoluta de la criatura humana es horrible", hace más de 40 años se quitaba la vida Alejandra Pizarnik, una de las grandes poetas argentinas.
Sus poemarios más destacados son: Árbol De Diana, (1962), Los trabajos y las noches (1965), Extracción de la piedra de la locura (1968) y El infierno musical (1971). Por su crudeza y realismo dio mucho que hablar también su ensayo La condesa sangrienta (1971).
Hoy, tiene un monumento en la calle Güemes en Avellaneda.
Atormentada y angustiada por un deseo de vida que no lograba satisfacer y víctima de algún trastorno psicológico, la poeta ingirió una sobredosis de un psicofármaco el 25 de septiembre de 1972. Se suicidó durante una salida de la clínica psiquiátrica en la que estaba internada temporariamente.
"Vida, mi vida, ¿qué has hecho de mi vida?", se preguntaba en versos escritos con palabras a las que ella misma reconocía su ineficacia. En uno de sus poemas más conocidos -"En esta noche, en este mundo"- la joven artista advertía que el lenguaje nunca dice lo que uno quiere decir. Escribe: "No, las palabras no hacen el amor/ hacen la ausencia/ si digo agua ¿beberé?/ si digo pan ¿comeré?/en esta noche en este mundo/ extraordinario silencio el de esta noche/ lo que pasa con el alma es que no se ve/ lo que pasa con la mente es que no se ve/ lo que pasa con el espíritu es que no se ve/ ¿de dónde viene esta conspiración de invisibilidades?/ninguna palabra es visible".
Ivonne Bordelois, amiga de la poeta y autora de Correspondencia Pizarnik -con cartas a distintos destinatarios-, afirmó que "su poesía y su existencia atestiguan permanentemente el sentimiento de la inadecuación del lenguaje para expresar al mundo y la inadecuación del mundo con respecto a nuestros deseos más profundos",
Preferida por adolescentes y jóvenes, Pizarnik transmite la angustia de una vida sin significado. "Siempre pensé que ella tuvo y tiene tanta difusión entre los adolescentes porque puede escribir directamente desde el inconsciente. Escribe desde los huesos", dijo Bordelois en una entrevista radial. Y describió a la poeta como "una persona muy atormentada, muy complicada que se bloqueaba con mucha frecuencia y con mucha angustia".
A los 18 años la poeta había comenzado un tratamiento psicoanalítico que interrumpió al poco tiempo. No obstante mantuvo la amistad con su terapeuta, León Ostrov, con quien intercambió copiosa correspondencia. Alejandra Pizarnik / León Ostrov: Cartas , es la compilación de ese intercambio que hizo la hija del psicoanalista, Andrea Ostrov, publicada en Córdoba por Editorial Universitaria Villa María (Eduvim).
El aniversario de la muerte de la poeta es recordado por numerosas organizaciones y ámbitos poéticos. Inspiradora de artistas visuales, la obra de Pizarnik será homenajeada el viernes próximo en la Casa de la Cultura del Círculo Médico de Lomas de Zamora con una muestra de obras de Naty Ezequiela.
En mayo último otro homenaje incluyó ilustraciones. Fue la exposición "Deseo y palabra", realizada en el Museo de Arte Español Enrique Larreta, con ilustraciones de Santiago Caruso sobre La condesa sangrienta.
En ese contexto la figura de Pizarnik fue recordada por escritores, editores e intelectuales que la conocieron, como Fernando Noy, Mariana Enríquez, Cristina Piña, Ivonne Bordelois, Ana Becciú y Silvia Hopenhayn, entre otros.
En homenaje a Pizarnik -y a Alfonsina Storni y Kurt Cobain, poetas que también se suicidaron-, la cineasta argentina Jazmín López dedicó su ópera prima Leones, en cuyos diálogos se citan versos de esos creadores.
Nacida como Flora Pizarnik Bromiker, fue la hija de Elías Pizarnik y de Rejzla (Rosa) Bromiker, ambos inmigrantes judíos de origen ruso y eslovaco, que se dedicaban al comercio de joyería. Creció en un barrio de Avellaneda. Tenía una hermana mayor de nombre Myriam.
Su infancia fue muy complicada. Hablaba el español con marcado acento europeo y tartamudeaba. Tenía graves problemas de acné y una marcada tendencia a subir de peso. Estas eventualidades minaban seriamente su autoestima. La autopercepción de su cuerpo y su continua comparación con su hermana le complicaron de manera obsesiva. Es posible que comenzara, por esta razón, a ingerir anfetaminas —por las que pronto desarrolló una fuerte adicción—, que le provocaban prolongados períodos con trastornos del sueño, euforia e insomnio. Alejandra padecía lo que se conoce como trastorno límite de la personalidad.
En 1954, tras el bachillerato, ingresó en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Permaneció como estudiante de la Facultad hasta 1957, tomando cursos de literatura, periodismo y filosofía, pero no acabó sus estudios. Paralelamente tomó clases de pintura con Juan Batlle Planas.
Lectora profunda de muchos y grandes autores durante su vida, intentó ahondar en los temas de sus lecturas y aprender de lo que otros habían escrito. Así se motivó tempranamente por la literatura y por el inconsciente, lo que a su vez hizo que se interesara por el psicoanálisis.
Firmemente apolítica e influenciada en su lirismo por Antonio Porchia, los simbolistas franceses, en especial Arthur Rimbaud y Stéphane Mallarmé, por el espíritu del romanticismo, y por los surrealistas, Pizarnik escribió libros poéticos de notoria sensibilidad e inquietud formal marcada por una insinuante imaginería. Sus temas giraban en torno a la soledad, la infancia, el dolor y, sobre todo, la muerte.
Su primer libro fue La Tierra Más Ajena (1955), editado en Botella Al Mar. Más tarde publicó La Última Inocencia (1956), volumen dedicado a su psicoanalista Oscar Ostrov, y Las Aventuras Perdidas (1958).
Entre 1960 y 1964, Pizarnik vivió en París donde trabajó para la revista Cuadernos y algunas editoriales francesas, publicó poemas y críticas en varios diarios, tradujo a Antonin Artaud, Henri Michaux, Aimé Césaire, e Yves Bonnefoy, y estudió historia de la religión y literatura francesa en la Sorbona. Allí entabló amistad con Julio Cortázar, Rosa Chacel y Octavio Paz, entre otros, siendo este último el prologuista de Árbol De Diana (1962), su cuarto poemario, en el que ya se refleja plenamente la madurez como autora que estaba alcanzando en Europa.
Regresó a Buenos Aires en 1964, publicando sus poemarios más importantes: Los Trabajos y Las Noches (1965), Extracción De La Piedra De La Locura (1968) o El Infierno Musical (1971).
En 1969 recibió la beca Guggenheim, lo que le permitió viajar a Nueva York, y en 1971 una Fullbright.
Escribió en prosa La Condesa Sangrienta (1971).
El 25 de septiembre de 1972, a los 36 años, se quitó la vida ingiriendo 50 pastillas de un barbitúrico (Seconal) durante un fin de semana en el que había salido con permiso del hospital psiquiátrico de Buenos Aires, donde se hallaba internada a consecuencia de su cuadro depresivo y tras dos intentos de suicidio.
Faltó tiempo para la gran empresa literaria. Alejandra decía que tenía que escribir una novela y que habría de aprender una nueva gramática para llegar a ese fin que rondaba por su cabeza.

 

EXILIO 

a Raúl Gustavo Aguirre 

Esta manía de saberme ángel, 
sin edad, 
sin muerte en qué vivirme, 
sin piedad por mi nombre 
ni por mis huesos que lloran vagando. 

¿Y quién no tiene un amor? 
¿Y quién no goza entre amapolas? 
¿Y quién no posee un fuego, una muerte, 
un miedo, algo horrible, 
aunque fuere con plumas 
aunque fuere con sonrisas? 

Siniestro delirio amar una sombra. 
La sombra no muere. 
Y mi amor 
sólo abraza a lo que fluye 
como lava del infierno: 
una logia callada, 
fantasmas en dulce erección, 
sacerdotes de espuma, 
y sobre todo ángeles, 
ángeles bellos como cuchillos 
que se elevan en la noche 
y devastan la esperanza. 

MADRUGADA 

Desnudo soñando una noche solar. 
He yacido días animales. 
El viento y la lluvia me borraron 
como a un fuego, como a un poema 
escrito en un muro. 


CUARTO SOLO 

Si te atreves a sorprender 
la verdad de esta vieja pared; 
y sus fisuras, desgarraduras, 
formando rostros, esfinges, 
manos, clepsidras, 
seguramente vendrá 
una presencia para tu sed, 
probablemente partirá 
esta ausencia que te bebe. 



FORMAS 

no sé si pájaro o jaula 
mano asesina 
o joven muerta jadeando en la gran garganta oscura 
o silenciosa 
pero tal vez oral como una fuente 
tal vez juglar 
o princesa en la torre más alta. 

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